Ingeniero en sistemas egresado en el 2003 de la Universidad del Valle de México. Desarrollador por 5 años en varios lenguajes de programación. Administrador de proyectos por otros 10 años. Actualmente, iniciando como ingeniero de aprendizaje automático.
Comencé a escribir poesía y cuento a los 15 años, gané un par de concursos cuando estudiaba en el CCH Oriente y aunque la vena literaria se secó hace poco, mi inclinación por la tecnología nació casi al mismo tiempo. A los 18 años ya había leído a Hegel, Marx, Aristóteles, Sócrates, Adam Smith, Stephen Hawking, etc., era prácticamente escritor de tiempo completo, pero gracias a un excelente profesor de Álgebra se me abrió por completo un mundo nuevo, de pronto los secretos de la lógica, física y química comenzaron a revelarse por haber accedido a las matemáticas.
Mi hermano Juan Carlos me enseñó a programar computadoras en mi adolescencia y descubrí que tenía habilidad para resolver problemas usando la lógica, para mí escribir programas era escribir poesía, tienen métrica, ritmo y se usan metáforas, sólo los iniciados encuentran belleza en las líneas de código. Decidí estudiar sistemas porque puedo comer tecnología todos los días como plato fuerte y la filosofía como un delicioso postre ocasional, la disciplina y rigurosidad del estudio me sienta mejor en la lógica computacional.
La idea de este blog nace principalmente de la necesidad de acercar a los dos tipos de amigos que tengo: los muy buenos en sistemas pero que no saben nada de filosofía, y los muy buenos en filosofía que no saben nada de teoría de la computación. Hay en México una terrible necesidad de acercar a los jóvenes a las ciencias y la filosofía, aunque este blog es un intento muy pobre para tan grande empresa, intentaré escribir aquí también sobre soft skills y otras cuestiones que he adquirido en mi experiencia profesional para los que empiezan en el mundo laboral, la clase de cosas que no se consiguen en un curso de ningún tipo.
Sean pues bienvenidos a este intento por dibujar al fantasma en la máquina.
Edgar Jiménez Bedolla